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El 60% de los desempleados en España no superó la enseñanza obligatoria

Este titular aparece el el diario Público el pasado 27 de Noviembre y yo me quedo de piedra. En el fondo es algo que intuíamos. En otro post de este Blog hacía referencia al “abandono” escolar que se produjo masivamente en los años de la bonanza económica. Para muchos jóvenes cuyo ambiente familiar no propiciara especialmente el estudio y la cualificación, era descorazonador ver como en la construcción se podían ganar salarios astronómicos mientras los licenciados luchaban en arduas oposiciones por sueldos mucho más bajos. El mundo estaba al revés.

El pasado viernes asistí a una conferencia de Fernando Moreno en la que alertaba de que en Asia las universidades se llenan de jóvenes que tienen que competir con denuedo para obtener las pocas plazas disponibles en proporción a las solicitudes. En pocos años el mundo asistirá a la eclosión de centenares de miles de jóvenes altamente cualificados que, durante algún tiempo, se quedarán en sus países de origen pero que, después, tratarán de abrirse camino en Europa o Estados Unidos atraídos por un estado del bienestar en el que ellos serán la élite. Puede parecer un vaticinio catastrofista pero tiene un alto grado de verosimilitud. Y contra eso difícilmente podremos competir si seguimos haciendo las cosas como hasta ahora. Nuestros caso cinco millones de parados están abocados a no salir de esa situación nunca.

Tengo dos hijos. La mayor acaba de terminar su carrera y antes de hacerlo ha encontrado trabajo en Apple. Pero no vive en Tenerife sino en Madrid. Está encantada pero es muy consciente de que no tiene nada garantizado, no sueña con comprarse un piso porque sabe que hoy está aqui pero mañana no se sabe. Sigue formándose en el convencimiento de que las cosas para ella no serán como para sus padres. No hace un Máster sino que estudia Lengua de Signos y mejora su inglés. Aprende a utilizar herramientas nuevas para hacer cosas nuevas y prepara su mente para un futuro lleno de cambios que deberán encontrarla dispuesta.

Mi hijo menor estudia dos carreras tecnológicas. Tampoco está en Tenerife, vive en Barcelona y es muy consciente de que, probablemente, su futuro se desarrollará allí o en otros países. Ha tenido que adaptarse al bilingüismo y ha comprobado que, no solo no es una limitación, sino que es una interesante oportunidad. A falta de tres años para terminar sus estudios está poniendo en marcha una empresa y ya dispone de cierta autonomía económica que mejorará en los próximos meses.

Ellos son unos privilegiados. Vivieron en un entorno que estimulaba el aprendizaje, recibieron toda clase de apoyo y hoy sus expectativas en el corto plazo son halagüeñas. Pero se lo están currando, han tenido que adaptarse a nuevas ciudades, a un alto grado de autonomía e independencia, a salir adelante por sus medios y a renunciar al nivel de vida que tenían en casa.

Y si los privilegiados tienen que esforzarse y renunciar, ¿qué perspectivas pueden tener quienes viven en entornos que no facilitan el estudio y el aprendizaje? Personas que, aunque quieran y sean incluso brillantes, no conocen las posibles ayudas y salidas para su inquietud, personas para las que la presión económica inmediata disuade de una visión a medio y largo plazo. Personas a las que el entorno social no les anima a hacer un esfuerzo extra, a la movilidad, a la autonomía. Jóvenes que se encuentran con sistemas educativos obsoletos,  alienantes y nada motivadores e incapaces de ofrecerles una visión de futuro interesante y estimulante. Jóvenes que por eso tiraron la toalla.

Por eso ahora tenemos, como sociedad, el reto de que esas personas retornen al camino de la educación y la cualificación profesional. En 2020 la UE espera que el 85% de los trabajos requieran cualificación media-alta y en España el 33,5% de la población mayor de 16 años no tiene las competencias básicas de la enseñanza secundaria obligatoria. Entre los desempleados ese porcentaje sube al 60%. Además muchos trabajadores en activo no pueden acreditar de ninguna manera su cualificación profesional, lo que les sitúa en una posición de riesgo a medio plazo, especialmente si las previsiones en relación con los países asiáticos se cumplen.

La formación y cualificación de adultos, la llamada educación no formal, es el reto fundamental en nuestro país. Hace falta una formación práctica, moderna, realista. Una formación que en sus contenidos y metodología se adapte a las verdaderas necesidades de los educandos y de las empresas. Que refleje las nuevas formas de producción y comunicación que las personas viven en sus puestos de trabajo, que resulte motivante y que sea eficiente para que el tiempo dedicado al aprendizaje tenga sentido y sea percibido como un tiempo útil y enriquecedor.

La propia educación formal debe tener en cuenta estos criterios para no seguir enviando al mercado laboral profesionales que se encuentran un mundo del que jamás han oído hablar en las aulas.

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>¿De verdad estamos cambiando algo?

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Hace cuatro años que fijamos el inicio de la Crisis. De las 7 definiciones que ofrece el Diccionario de la RAE para la palabra “crisis” me quedo con la última por escueta e intemporal: 7. f. Situación dificultosa o complicada. No cabe duda, llevamos cuatro años en una situación dificultosa y complicada. Cuatro años en los que hemos pasado por las fases de Negación, Tristeza, Depresión y, por fin, Aceptación pero mientras tanto hemos perdido un tiempo precioso. Pero lo peor no es haber quedado inmovilizados durante estos cuatro años tratando de parchear el barco que se hunde con mejor o peor fortuna (se diría que peor a la vista de los resultados), lo peor es que los años anteriores vivimos instalados cómodamente en la mullida burbuja inmobiliaria como si de un colchón de playa se tratase, permitimos que nuestros jóvenes abandonasen masivamente su formación para dedicarse a trabajos de baja o nula cualificación pero muy bien remunerados y nuestro tejido empresarial se fue descapitalizando de conocimiento y de talento en favor de mano de obra barata y flexible dispuesta a echar horas en tareas poco brillantes porque no hacía falta otra cosa. ¿Para que inventar? ¿Para que hacer cosas nuevas si las de toda la vida, las que hacía todo el mundo, parecían ser un filón inagotable?

Estamos en 2011, tenemos casi cinco millones de desempleados y no hay perspectiva de crear empleo neto hasta mediados de 2012 pero ¿qué clase de empleo se creará? En estos momentos las únicas demandas son, fundamentalmente, para comerciales y además autónomos. Y eso en la parte “baja” de la tabla, en la de niveles de cualificación de 1 a 3, en la parte de las personas que si quieren seguir cobrando alguna ayuda deberán aceptar un itinerario formativo. Y yo pregunto ¿qué formación se le va a ofrecer a estas personas? ¿Los cursos del Servicio Canario de Empleo que ha calificado como prioritarios para 2011? Formación en hostelería y trabajos auxiliares de construcción. Cierto que se incluye algo relacionado con las energías renovables y con la agricultura en alguna isla, pero es anecdótico. ¿Para cuando una profesionalización de nuestro tejido comercial? ¿Para cuando formación para la internacionalización? ¿Por qué los idiomas siguen teniendo la mínima prioridad? ¿Qué pasa con los nuevos nichos de empleo ligados a la gestión medioambiental, sensibilización, gestión de residuos, depuración y desalinización de aguas, descontaminación de suelos…?

Acaba de salir el Informe de 2010 de Innovación en la Unión Europea en el que se revisan abundantes indicadores de innovación en los 27 países de la unión, y de cuya lectura se puede deducir que, al menos hasta 2010, España no parece estar haciendo los deberes si realmente quiere cambiar su modelo productivo a otro basado en el conocimiento. De muy recomendable lectura y reflexión si nos atrevemos a enfrentar la cruda realidad. Extracto simplemente una imagen que vale más que mil palabras:



>5 Mitos sobre la Innovación

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licensed image by Ross Mayfield


1.- Todo es mejorable

Cierto indudablemente pero a) NO toda mejora es innovadora y b) NO toda mejora innovadora es relevante. 

Cuando mejoramos algo puede ser simplemente que apliquemos un parche para resolver un problema y que ese problema sea consecuencia de un cambio innovador, es decir, el parche puede ser sencillamente “volver a hacer lo de antes”. Esto es más frecuente de lo que imaginamos y especialmente en las Innovaciones de Proceso, lo que ocurre es que como éstas se dilatan en el tiempo no se percibe fácilmente y muchas veces las personas que “sufrieron” la innovación ya no están para “disfrutar” el paso atrás.
En otros casos nos encontramos que una mejora innovadora que puede ser, incluso, de gran relevancia tecnológica, al final apenas tiene incidencia en la cuenta de resultados. Este caso suele darse cuando la innovación es de producto y el proyecto se justifica con hipotéticos beneficios para el cliente que, al fin y a la postre, no llega a darse cuenta del cambio. Muchas de las mejoras que se introducen en los vehículos se quedan en meras siglas nuevas y “esotéricas” que no aportan nada al cliente cuyos motivos de compra siguen siendo estéticos, de marca o de precio.

2.- Las empresas están entusiasmadas con la Innovación

Falso, en la mayoría de los casos

La realidad es que las empresas están “resignadas” a la innovación porque en estos momentos (no era así hace un siglo) no les queda más remedio que adaptarse a los cambios que les vienen impuestos por el mercado. Una ejemplo clarísimo de esta resistencia a la innovación lo tenemos en las grandes distribuidoras de contenidos digitales que luchan denodadamente contra la demanda de “disponibilidad” de los clientes sin plantearse una revisión de sus negocios que “aproveche” las nuevas tecnologías en lugar de anatematizarlas. Sin embargo las empresas con cultura realmente innovadora, que promueven en sus organizaciones la creatividad y los cambios y pretenden introducir innovaciones que se adelantan a las exigencias del mercado, son minoritarias (casi inexistentes) y en muchos casos tienen que luchar contra sus propios mecanismos internos de “resistencia al cambio”. La cultura verdaderamente innovadora necesita de recursos especiales tanto económicos como organizativos para “bordear” los procesos de control interno de la organización establecidos para evitar desviaciones y pérdidas de rentabilidad Puesto que la verdadera innovación requiere de un alto índice de “ensayos y errores” hasta llegar al “acierto” es difícil que un controller financiero “al uso” se sienta cómodo sabiendo que en su organización hay una parcela en la que no le dejan meter la nariz por razones obvias. 

3.- Los innovadores tiene éxito

Falso, en la mayoría de los casos.



Como ya hemos apuntado antes la realidad es que el proceso de innovación conlleva un alto grado de incertidumbre y son muchas más las ideas innovadoras que fracasan que las que tienen éxito, lo que ocurre es que de las que fracasan casi nunca nos enteramos. Para contribuir a este desmoralizador escenario la realidad nos indica que en el mundo de los negocios rara vez van unidas las características que garantizan el éxito empresarial con las que garantizan la capacidad de innovación, a pesar de lo que la fiebre innovadora que nos invade pretende hacernos creer. Sin embargo si es cierto que hay un punto de enlace entre los dos mundos: la visión del emprendedor exitoso. Los empresarios de éxito son capaces de ver más allá que el resto de las personas por lo que, aunque no sean capaces de idear productos o servicios altamente innovadores, si son capaces de “visualizar” la rentabilidad económica cuando se les presenta. Por lo tanto, las estrategias actuales que promueven y facilitan el encuentro entre “creadores de ideas” y “creadores de negocios” son el caldo más idóneo para que se produzca ese “encuentro afortunado” que convierta ciertas ideas innovadoras en éxitos comerciales.

4.- La innovación y la última tecnología van de la mano

No necesariamente

Es frecuente que cuando pensamos en innovación se nos vengan a la cabeza los últimos gadgets tecnológicos del mercado. Ciertamente que son nuevos y atractivos pero la realidad es que hay un punto en el que dejan de suponer una innovación porque no aportan realmente nuevas funcionalidades. Cuando apareció la minifalda fue sin duda una innovación, no porque se tratase de una prenda de ropa distinta o más bonita sino porque supuso un cambio conceptual en la imagen que las mujeres quisieron dar de si mismas a partir de entonces. La moda de vestir es un caso claro en el que se producen cambios frecuentes pero ya nadie la considera realmente una industria innovadora, los tejidos son los mismos que hace un siglo y las variaciones de diseño son puramente estéticas y pasan desapercibidas debido a la abundancia. El mundo de los teléfonos móviles o el de los ordenadores personales se encuentra en estos momentos en una situación que se acerca a la de la moda, los nuevos modelos apenas aportan cambios funcionales significativos salvo en el caso de smartphones y tablets. Ciertamente hay otros hitos tecnológicos que si sustentan innovaciones llamativas como la banca virtual o el marketing viral, pero los nuevos conceptos de economía social, comercio justo, agricultura ecológica, etcétera, también se están haciendo un hueco en el mercado sin servidumbre tecnológica. El simple uso de internet como infraestructura de comunicación está dando pié a muchas innovaciones de proceso (turismo especializado, formación on-line) que nada tienen que ver luego con la tecnología.

5.- Los programas estatales son fundamentales para la innovación

No deberían serlo

En Europa se lleva años haciendo esfuerzo ímprobos para la innovación, dedicando recursos a olíticas de I+D+i que, sorprendentemente para sus promotores, dejan interesantes resultados en forma de publicaciones en revistas científicas de alto impacto pero apenas han podido remover los carcomidos cimientos del sistema productivo europeo. Casos singulares como el 4% del PIB que Finlandia dedica a  I+D quedan llamativos en las estadísticas pero la realidad es que una empresa como Nokia en un país de apenas 5 millones de habitantes hace innecesarios otros inversores. La capacidad de innovación de un país hay que buscarla en su historia y su cultura. La innovación exige una mentalidad más interesada en lo práctico que en lo teórico, abierta a la noción de provisionalidad y cambio. Pero, sobre todo, para desarrollarse, la innovación requiere una cultura que favorezca el riesgo, recompense el éxito y no penalice demasiado el fracaso. Por eso no debe extrañar que Estados Unidos –un país de inmigrantes que mantiene el espíritu pionero de los primeros colonizadores europeos– esté a la cabeza en este terreno. La tradición calvinista de depender de uno mismo y no del Estado, de culparse a uno mismo antes que al sistema si las cosas no vienen bien, sigue aún viva en Estados Unidos y, lamentablemente, muy poco asentada en el viejo continente apegado a su “estado del bienestar”. En España, donde se culpa al Gobierno de turno hasta de las tormentas, difícilmente se podría hacer innovación sin las políticas estatales pero por mas que lo intente ningún gobierno puede pagar para que a sus ciudadanos les “brote” el espíritu innovador.

Entonces ¿merece la pena innovar? ¿y como lo hacemos?

Absolutamente SI. 

Como ya hemos visto la innovación no es solo una elección, en el mercado cambiante en que nos encontramos es ya una necesidad. Los mecanismos de la globalización vinculan las acciones y sus efectos a nivel global, nada es independiente de lo que ocurra en otro sitio, su efecto será mayor o menos o podrá notarse antes o después, pero el efecto existe y acabará llegando. Las grandes corporaciones mundiales, los “mercados” de que tanto se habla, son capaces de producir alteraciones económicas que afectan a gran escala hasta incluso “hipotecar” un país. Los medios de comunicación de masas entre los que están las redes sociales permiten movilizaciones masivas con fines autógenos que pueden derrocar gobiernos. 

Las empresas se encuentran sujetas a fuerzas que, como nunca antes ocurriera, escapan de su control directo, deben estar alerta y preparadas para reaccionar. El espíritu innovador es la adrenalina de las organizaciones que les permitirá “huir” (hacia los oceanos azules con nuevas propuestas) o “luchar” (en los oceanos rojos con nuevas armas) en el mercado. Y esto para crecer o, cuando menos, sobrevivir. Desde las administraciones públicas debe apoyarse la emprendeduría innovadora, abordar cambios en los programas educativos que promuevan el espíritu empresarial y la dignificación de la profesión. Desde las empresas debe hacerse un ejercicio de autoanálisis y descubrir hasta que punto se es capaz de innovar, lo que se ha hecho en el pasado y cuan preparado se está para el futuro. Las asociaciones empresariales deben asumir el papel de líderes de la innovación para que sus socios se apoyen entre si. Los sindicatos deben abandonar el discurso del victimismo y la estigmatización del empresariado para generar confianza en el tejido productivo y lograr la corresponsabilidad de todos los agentes sociales. 

>Ubicuidad y Polivalencia: las Redes Sociales

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Estar en todas partes y hacer de todo. No parece factible y sin embargo es lo que se nos pide hoy día, lo que desde las redes sociales se sugiere como posible e, incluso, como deseable.

Estoy en la Universidad, no trabajo aquí sino que intento sacar adelante mi Tesis Doctoral en Química Teórica (suena indescifrable ¿verdad?. En realidad casi lo es). Además intento ayudar a un amigo a que arranque su proyecto de un camping y le gestiono a mi cliente sus compras en China y Europa. También procuro ejercer dignamente de secretaria de una Asoiación (NATURATEN) y, lo más importante, posicionarme en un Proyecto de alcance en materia de innovación y tecnología. Por supuesto como, me ducho, hago algunas tareas domésticas (al 50% con el otro usufructuario de mi vida) y, aunque parezca increíble, me divierto. Y me divierto mucho.

Hace unas semanas en un curso al que asistí con mayoritaria concurrencia joven (entre 20 y 30 como mucho) hicieron levantar la mano a los que tuviesen cuenta en Twitter. Orgullosamente levanté la mano queriendo sentirme parte de una nutrida nube de brazos y cual no sería mi sorpresa al ver que apenas 6 ó 7 se alzaron. A mis 48 años me sentí un poco “friki” pero al mismo tiempo un puntito de orgullo me revoloteó por el estómago. Aqui estoy yo con mis cuentas en Twitter, en Linkedin en Facebook y mis blogs. No es que sea un modelo de modernidad pero incluso con mi modesta participación parece que estoy en un paso diferencial con respecto a gente más joven o profesionales más experimentados.

Creo que el pertenecer a redes sociales en si no es significativo, lo verdaderamente significativo es el afán de hacer cosas, de nos sumirse en la apatía y esperar a “que pase la crisis”. Hace diez años hablábamos de empleabilidad como la capacidad de hacernos “interesantes” para un empleador y asegurar nuestra estabilidad laboral. En esto momentos las relaciones laborales están cambiando, muchos de los que no tienen un empleo ya no competirán sólo con el resto de parados o de empleados a la hora de acceder a un puesto de trabajo; tendrán que competir también con aquellos que hemos descubierto nuestra independencia y potenciado nuestras capacidades para ofrecer nuestros servicios sin vínculo laboral. Las empresas dejarán de contratar todas sus tareas operativas a “empleados” y muchas de ellas las externalizarán pudiendo así acceder a profesionales más cualificados y especializados que, de otro modo, no podrían pagar. La crisis tiene, como todas, un componente de cambio que abre oportunidades para aquellos que estamos dispuestos a soltar lastre y virar a un nuevo rumbo. Estar en las redes sociales es una parte de ello, mucho más importante de lo que algunos piensan



>Jamones de Granada, un recuerdo y una sorpresa 2.0

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Acabo de participar en un cursos sobre Gestión de la Innovación en el que los participantes, una vez superados ciertos contenidos teóricos, teníamos que debatir durante una semana en un foro intercambiando ideas, opiniones, conocimientos… Ha sido una experiencia realmente enriquecedora que terminaba en teoría ayer. Muchos de los contenidos aportados eran novedosos y originales pero hete aqui que hoy, “fueeeeeera de programa”, me encuentro con un enlace a una iniciativa que me motiva especialmente y me llama a escribir: Apadrina un Jamón 


Hace 19 años tuve que pasar tres meses en Granada por razones de trabajo, iba los lunes y volvía a Tenerife los viernes. Las combinaciones desde aquí no eran precisamente fluidas por lo que la mayoría de las veces iba a Málaga y de allí, en taxi, a Granada (eran tiempos en que las empresas eran ricas y los taxis baratos). Los viernes volaba a Madrid y de allí a Tenerife. Sin embargo un viernes por problemas en Barajas el vuelo se suspendió por lo que pedí al taxista que me había llevado del lugar de trabajo al aeropuerto que, si estaba dispuesto, me llevase a Sevilla al día siguiente a primerísima hora de la mañana (salimos de Granada a las 5 y media). A raiz de ese viaje acordé con este señor que me iría a buscar a Málaga los lunes por la mañana ya que su conocimiento de las carreteras era mejor que el de sus colegas malagueños (era en año 91 y los fastos del 92 estaban por celebrarse por lo que las carreteras andaluzas o no estaban o estaban en obras) por lo que durante las siguientes 6 ó 7 semanas tuvo asegurado un ingreso sustancioso y yo un servicio impecable. Cuando llegó el final de mi asignación se lo anuncié con un par de semanas de antelación ya que imaginaba que tendría que reajustar su agenda. Y llegó el día de la despedida. Cuando llegamos al aeropuerto (había seguido llevándome también cuando los viernes me iba a Madrid) me dijo que había ido al pueblo y me tenía un “detalle” lo cual me hizo pensar en algún dulce o artesanía. Cual no sería mi sorpresa cuando del maletero del taxi sacó, convenientemente embalada, ¡¡una paleta de 5,5kilos!! Mis protestas no sirvieron de nada y me vi obligada (bendita obligación) a aceptar aquel suculento presente del que dimos cumplida cuenta, probablemente en mucho menos tiempo del que pensaba cuando lo recibí.


Lamentablemente nunca he vuelto a Granada, cosa que siento porque, además de sus indudables bellezas y de este regalo, recuerdo lo bien que comí los meses que estuve allí y lo bien que quedé haciendo de anfitriona gastronómica para otros compañeros. Siempre he recordado ese gesto con afecto y creo que Apadrinar (¿amadrinar?) un Jamón de Granada es una forma sentimentalmente muy adecuada para renovar el contacto. Espero tener la oportunidad si Jamones 2.0 me lo permite.

>Talento y Entusiasmo

>Los días 18 y 19 de Noviembre asistí al Laboratorio de Ideas Empresariales (LIE) organizado por Emprende ULL. En un lugar inspirador como es el Hotel Nogal de Vilaflor y con una compañía más que estimulante pasamos dos dias hablando de emprendeduría, de innovación, de nuestras ideas y proyectos. 


El inicio fue ya desconcertante, lo primero que tuvimos que hacer fue lanzarnos unos contra otros hacia el centro de un círculo inducidos por Ros Elvira. A partir de ahí las cosas se sucedieron rodadas, las experiencias de Valnalon nos pusieron en el foco, nuestros propios proyectos sirvieron para situarnos, compartir las ideas unos con otros, darnos ánimo e ideas. Descubrimos nuestra luz y nos deslumbramos con la de nuestros compañeros, han sido para mi dos de los días más enriquecedores de los últimos meses.


Pero hubo tiempo para todo, para la reflexión y el trabajo duro y para pizcas de arte, porque hasta esa suerte tuvimos, varios artistas en el grupo que aportaron una visión distinta, un punto de vista aún más creativo.





>Relanzar la empresa mediante el Ciclo del Cambio

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El pasado martes 26 de Octubre asistí a un mini seminario titulado “Relanzar la Empresa” en el que se analizaba como relanzar una empresa (hacer cosas distintas para obtener resultados distintos) desde tres puntos de vista convergentes:
Atravesamos una crisis complicada que nos ha pillado con el paso cambiado a muchos pero que se ha convertido, después de tres años de caída, en una letanía a la que nos agarramos todos con desesperación. Nadie se sustrae al hipnótico reclamo de echarle la culpa a la crisis de todo lo que pasa, lo bueno y lo malo. Si, efectivamente, eso he dicho: “lo bueno”. También pasan cosas buenas aunque sean más difíciles de ver, aunque haya que vislumbrarlas entre la maraña de cosas malas. La cuestión es que si nos empeñamos en pensar en que “las cosas nos sobrevienen” nunca estaremos en disposición de tomar las riendas y “hacer que las cosas ocurran”. En el seminario se abordaba precisamente este cambio de actitud y la importancia del mismo. Pablo nos ponía en situación, la empresa llega a un punto en el que es insostenible seguir igual y los datos que nos indican ese hito son claros e incontestables: el balance, la tesorería. Luego Yael y Rafael nos daban claves para encarar el cambio de rumbo y afrontar sus consecuencias inmediatas (frustración, miedo, resistencia en definitiva) con valentía. 

Pero yo me quiero detener más en el análisis de situación de Pablo porque es ahí donde se encuentra el meollo de la cuestión. Parecería que en estos tiempos hablar de planificación, revisión de datos, innovación, es obligado porque “estamos en crisis”. Y nada más lejos de la realidad. La lectura es mucho más elemental: estamos en crisis porque no hicimos una planificación adecuada, porque no estudiamos nuestra situación real hace cinco años, porque creímos que las vacas gordas iban a ser cada vez más gordas y eternas. ¿A que nadie se cree que una vaca vaya a engordar siempre y a no morirse nunca? Entonces ¿por qué fuimos tan ilusos?. También tenemos otra muletilla a la que agarrarnos: “los bancos son los culpables”. Vale, es verdad que el sector financiero tiene un gran tirón en los movimientos de mercado y que su comportamiento se está afianzando en el liberalismo recalcitrante, cierto, pero ¿acaso lo hacían a escondidas? ¿por qué no lo vimos?.




La conclusión a vuelapluma que se me viene a la cabeza es que podíamos haber hecho las cosas de otra manera y no lo hicimos, probablemente porque de verdad “no nos dimos cuenta”. La lectura que debemos sacar de esta crisis no es que hay que hacer cosas nuevas para salir de ella (que obviamente hay que hacerlas) sino que hay que hacer “lo que hay que hacer” para saber en todo momento donde estamos y que la próxima crisis (que la habrá) no nos vuelva a pillar con el paso cambiado. El proceso de análisis e innovación debe ser cíclico, como ya se lleva diciendo desde hace décadas desde la Gestión de los Procesos y la Calidad, porque cada ciclo nos re-posiciona en nuestro mercado que cada vez es más grande y más volátil. Relanzar la empresa es, literalmente, volverla a lanzar. Usemos el Ciclo del Cambio como un acelerador de partículas, cada nuevo ciclo nos dotará de nueva energía para hacer las cosas mejor y pensemos que hay muchos que ya lo hacen.