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El 60% de los desempleados en España no superó la enseñanza obligatoria

Este titular aparece el el diario Público el pasado 27 de Noviembre y yo me quedo de piedra. En el fondo es algo que intuíamos. En otro post de este Blog hacía referencia al “abandono” escolar que se produjo masivamente en los años de la bonanza económica. Para muchos jóvenes cuyo ambiente familiar no propiciara especialmente el estudio y la cualificación, era descorazonador ver como en la construcción se podían ganar salarios astronómicos mientras los licenciados luchaban en arduas oposiciones por sueldos mucho más bajos. El mundo estaba al revés.

El pasado viernes asistí a una conferencia de Fernando Moreno en la que alertaba de que en Asia las universidades se llenan de jóvenes que tienen que competir con denuedo para obtener las pocas plazas disponibles en proporción a las solicitudes. En pocos años el mundo asistirá a la eclosión de centenares de miles de jóvenes altamente cualificados que, durante algún tiempo, se quedarán en sus países de origen pero que, después, tratarán de abrirse camino en Europa o Estados Unidos atraídos por un estado del bienestar en el que ellos serán la élite. Puede parecer un vaticinio catastrofista pero tiene un alto grado de verosimilitud. Y contra eso difícilmente podremos competir si seguimos haciendo las cosas como hasta ahora. Nuestros caso cinco millones de parados están abocados a no salir de esa situación nunca.

Tengo dos hijos. La mayor acaba de terminar su carrera y antes de hacerlo ha encontrado trabajo en Apple. Pero no vive en Tenerife sino en Madrid. Está encantada pero es muy consciente de que no tiene nada garantizado, no sueña con comprarse un piso porque sabe que hoy está aqui pero mañana no se sabe. Sigue formándose en el convencimiento de que las cosas para ella no serán como para sus padres. No hace un Máster sino que estudia Lengua de Signos y mejora su inglés. Aprende a utilizar herramientas nuevas para hacer cosas nuevas y prepara su mente para un futuro lleno de cambios que deberán encontrarla dispuesta.

Mi hijo menor estudia dos carreras tecnológicas. Tampoco está en Tenerife, vive en Barcelona y es muy consciente de que, probablemente, su futuro se desarrollará allí o en otros países. Ha tenido que adaptarse al bilingüismo y ha comprobado que, no solo no es una limitación, sino que es una interesante oportunidad. A falta de tres años para terminar sus estudios está poniendo en marcha una empresa y ya dispone de cierta autonomía económica que mejorará en los próximos meses.

Ellos son unos privilegiados. Vivieron en un entorno que estimulaba el aprendizaje, recibieron toda clase de apoyo y hoy sus expectativas en el corto plazo son halagüeñas. Pero se lo están currando, han tenido que adaptarse a nuevas ciudades, a un alto grado de autonomía e independencia, a salir adelante por sus medios y a renunciar al nivel de vida que tenían en casa.

Y si los privilegiados tienen que esforzarse y renunciar, ¿qué perspectivas pueden tener quienes viven en entornos que no facilitan el estudio y el aprendizaje? Personas que, aunque quieran y sean incluso brillantes, no conocen las posibles ayudas y salidas para su inquietud, personas para las que la presión económica inmediata disuade de una visión a medio y largo plazo. Personas a las que el entorno social no les anima a hacer un esfuerzo extra, a la movilidad, a la autonomía. Jóvenes que se encuentran con sistemas educativos obsoletos,  alienantes y nada motivadores e incapaces de ofrecerles una visión de futuro interesante y estimulante. Jóvenes que por eso tiraron la toalla.

Por eso ahora tenemos, como sociedad, el reto de que esas personas retornen al camino de la educación y la cualificación profesional. En 2020 la UE espera que el 85% de los trabajos requieran cualificación media-alta y en España el 33,5% de la población mayor de 16 años no tiene las competencias básicas de la enseñanza secundaria obligatoria. Entre los desempleados ese porcentaje sube al 60%. Además muchos trabajadores en activo no pueden acreditar de ninguna manera su cualificación profesional, lo que les sitúa en una posición de riesgo a medio plazo, especialmente si las previsiones en relación con los países asiáticos se cumplen.

La formación y cualificación de adultos, la llamada educación no formal, es el reto fundamental en nuestro país. Hace falta una formación práctica, moderna, realista. Una formación que en sus contenidos y metodología se adapte a las verdaderas necesidades de los educandos y de las empresas. Que refleje las nuevas formas de producción y comunicación que las personas viven en sus puestos de trabajo, que resulte motivante y que sea eficiente para que el tiempo dedicado al aprendizaje tenga sentido y sea percibido como un tiempo útil y enriquecedor.

La propia educación formal debe tener en cuenta estos criterios para no seguir enviando al mercado laboral profesionales que se encuentran un mundo del que jamás han oído hablar en las aulas.

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Un nuevo impulso

Me he propuesto firmemente reactivar este Blog y mantenerlo vivo, no se justifica tenerlo “dormido” con la de cosas nuevas y estimulantes que estoy viviendo… ¿O realmente no son tan estimulantes ni tan nuevas? Posiblemente no, posiblemente es más mi ánimo “inasequible al desaliento” el que me hace ver oportunidades donde otros sólo verían tropiezos. Quiero pensar que se trat de una eficaz combinación de todo ello, en todo caso allá vamos…

Acabo de darme de alta en la Equomunidad, la plataforma de debate de Proyecto Equo de la que salen sus ideas, iniciativas y, en breve, el Programa Electoral de EQUO, un nuevo partido que viene a traer un soplo de ilusión y aire fresco a la ranciedumbre de nuestro “bipartidismo”. ¿Hacía falta? Sin duda. En todos los foros de debate, en los medios y en la sociedad en su conjunto se percibe un cierto hartazgo, desconfianza y ganas de un mensaje distinto procedente de formas distintas de hacer y decir las cosas.

El movimiento 15M ha sido el síntoma más evidente de esta situación. Quiero pensar que partidos como EQUO u otros que surjan, bienvenidos sean, vienen a llenar los “huecos” que la monolítica estructura de los partidos “tradicionales” han dejado a su pesar. A pesar de que pretendieron “blindarse” contra estos movimientos con la modificación de la Ley Electoral  que aprobaron en Enero de 2011.

Pongo por delante que soy votante del PSOE “de toda la vida” pero en estos momentos, y a pesar de que no dudo de la buena fe de sus miembros y candidatos, creo que es un partido agotado y falto de liderazgo y de energía para sacar adelante un proyecto ilusionante y movilizador de los enormes esfuerzos que hay que hacer para salir de esta crisis que nos consume la energía y hasta el ánimo. En señor Rubalcaba es de otra época y su mensaje es desvaído y poco creíble (si, ya se que es el argumento de la oposición pero es que a veces también dicen cosas lógicas “¿por qué no lo hizo cuando estuvo en el gobierno?”). Es probable que votar a partidos pequeños sea restar “utilidad” al voto pero en estos momentos, y a la vista de las encuestas, es preferiblemente un voto testimonial que desperdiciarlo con una lealtad inmerecida.

También he participado como candidata en el proceso de Primarias en Tenerife para las listas de EQUO, y también esto ha sido un recordatorio más de como en un partido como el PSOE ha podido más el mantenimiento del “statu quo” de los candidatos “oficiales” que la necesidad imperiosa de sacudirse las estructuras para renovar a los candidatos con primarias en todo el país. ¿A que tienen miedo en Ferraz? A que las bases sean críticas o a que no lo sean…

Seguiré en la Equomunidad y, si tengo oportunidad, trabajaré por un tema que creo esencial, la formación profesional para el empleo, la capacitación de todos los jóvenes que abandonaron el sistema educativo en la época de vacas gordas y que ahora no tienen empleo ni manera de encontrarlo, la capacitación de los trabajadores que estan en las empresas con contratos precarios y salarios vergonzosos por su bajo nivel de empleabilidad por falta de cualificación. Tenemos ante nosotros un reto salvaje, una brecha enorme entre estos jóvenes, ya no tan jóvenes, y los nuevos universitarios altamente preparados que deben marcharse porque nuestro mercado es incapaz de absorber sus perfiles. Obviamente algo no está bien en nuestro país. Diagnosticarlo y corregirlo es el reto de los próximos años pero no puede esperar…

 

>5 Mitos sobre la Innovación

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licensed image by Ross Mayfield


1.- Todo es mejorable

Cierto indudablemente pero a) NO toda mejora es innovadora y b) NO toda mejora innovadora es relevante. 

Cuando mejoramos algo puede ser simplemente que apliquemos un parche para resolver un problema y que ese problema sea consecuencia de un cambio innovador, es decir, el parche puede ser sencillamente “volver a hacer lo de antes”. Esto es más frecuente de lo que imaginamos y especialmente en las Innovaciones de Proceso, lo que ocurre es que como éstas se dilatan en el tiempo no se percibe fácilmente y muchas veces las personas que “sufrieron” la innovación ya no están para “disfrutar” el paso atrás.
En otros casos nos encontramos que una mejora innovadora que puede ser, incluso, de gran relevancia tecnológica, al final apenas tiene incidencia en la cuenta de resultados. Este caso suele darse cuando la innovación es de producto y el proyecto se justifica con hipotéticos beneficios para el cliente que, al fin y a la postre, no llega a darse cuenta del cambio. Muchas de las mejoras que se introducen en los vehículos se quedan en meras siglas nuevas y “esotéricas” que no aportan nada al cliente cuyos motivos de compra siguen siendo estéticos, de marca o de precio.

2.- Las empresas están entusiasmadas con la Innovación

Falso, en la mayoría de los casos

La realidad es que las empresas están “resignadas” a la innovación porque en estos momentos (no era así hace un siglo) no les queda más remedio que adaptarse a los cambios que les vienen impuestos por el mercado. Una ejemplo clarísimo de esta resistencia a la innovación lo tenemos en las grandes distribuidoras de contenidos digitales que luchan denodadamente contra la demanda de “disponibilidad” de los clientes sin plantearse una revisión de sus negocios que “aproveche” las nuevas tecnologías en lugar de anatematizarlas. Sin embargo las empresas con cultura realmente innovadora, que promueven en sus organizaciones la creatividad y los cambios y pretenden introducir innovaciones que se adelantan a las exigencias del mercado, son minoritarias (casi inexistentes) y en muchos casos tienen que luchar contra sus propios mecanismos internos de “resistencia al cambio”. La cultura verdaderamente innovadora necesita de recursos especiales tanto económicos como organizativos para “bordear” los procesos de control interno de la organización establecidos para evitar desviaciones y pérdidas de rentabilidad Puesto que la verdadera innovación requiere de un alto índice de “ensayos y errores” hasta llegar al “acierto” es difícil que un controller financiero “al uso” se sienta cómodo sabiendo que en su organización hay una parcela en la que no le dejan meter la nariz por razones obvias. 

3.- Los innovadores tiene éxito

Falso, en la mayoría de los casos.



Como ya hemos apuntado antes la realidad es que el proceso de innovación conlleva un alto grado de incertidumbre y son muchas más las ideas innovadoras que fracasan que las que tienen éxito, lo que ocurre es que de las que fracasan casi nunca nos enteramos. Para contribuir a este desmoralizador escenario la realidad nos indica que en el mundo de los negocios rara vez van unidas las características que garantizan el éxito empresarial con las que garantizan la capacidad de innovación, a pesar de lo que la fiebre innovadora que nos invade pretende hacernos creer. Sin embargo si es cierto que hay un punto de enlace entre los dos mundos: la visión del emprendedor exitoso. Los empresarios de éxito son capaces de ver más allá que el resto de las personas por lo que, aunque no sean capaces de idear productos o servicios altamente innovadores, si son capaces de “visualizar” la rentabilidad económica cuando se les presenta. Por lo tanto, las estrategias actuales que promueven y facilitan el encuentro entre “creadores de ideas” y “creadores de negocios” son el caldo más idóneo para que se produzca ese “encuentro afortunado” que convierta ciertas ideas innovadoras en éxitos comerciales.

4.- La innovación y la última tecnología van de la mano

No necesariamente

Es frecuente que cuando pensamos en innovación se nos vengan a la cabeza los últimos gadgets tecnológicos del mercado. Ciertamente que son nuevos y atractivos pero la realidad es que hay un punto en el que dejan de suponer una innovación porque no aportan realmente nuevas funcionalidades. Cuando apareció la minifalda fue sin duda una innovación, no porque se tratase de una prenda de ropa distinta o más bonita sino porque supuso un cambio conceptual en la imagen que las mujeres quisieron dar de si mismas a partir de entonces. La moda de vestir es un caso claro en el que se producen cambios frecuentes pero ya nadie la considera realmente una industria innovadora, los tejidos son los mismos que hace un siglo y las variaciones de diseño son puramente estéticas y pasan desapercibidas debido a la abundancia. El mundo de los teléfonos móviles o el de los ordenadores personales se encuentra en estos momentos en una situación que se acerca a la de la moda, los nuevos modelos apenas aportan cambios funcionales significativos salvo en el caso de smartphones y tablets. Ciertamente hay otros hitos tecnológicos que si sustentan innovaciones llamativas como la banca virtual o el marketing viral, pero los nuevos conceptos de economía social, comercio justo, agricultura ecológica, etcétera, también se están haciendo un hueco en el mercado sin servidumbre tecnológica. El simple uso de internet como infraestructura de comunicación está dando pié a muchas innovaciones de proceso (turismo especializado, formación on-line) que nada tienen que ver luego con la tecnología.

5.- Los programas estatales son fundamentales para la innovación

No deberían serlo

En Europa se lleva años haciendo esfuerzo ímprobos para la innovación, dedicando recursos a olíticas de I+D+i que, sorprendentemente para sus promotores, dejan interesantes resultados en forma de publicaciones en revistas científicas de alto impacto pero apenas han podido remover los carcomidos cimientos del sistema productivo europeo. Casos singulares como el 4% del PIB que Finlandia dedica a  I+D quedan llamativos en las estadísticas pero la realidad es que una empresa como Nokia en un país de apenas 5 millones de habitantes hace innecesarios otros inversores. La capacidad de innovación de un país hay que buscarla en su historia y su cultura. La innovación exige una mentalidad más interesada en lo práctico que en lo teórico, abierta a la noción de provisionalidad y cambio. Pero, sobre todo, para desarrollarse, la innovación requiere una cultura que favorezca el riesgo, recompense el éxito y no penalice demasiado el fracaso. Por eso no debe extrañar que Estados Unidos –un país de inmigrantes que mantiene el espíritu pionero de los primeros colonizadores europeos– esté a la cabeza en este terreno. La tradición calvinista de depender de uno mismo y no del Estado, de culparse a uno mismo antes que al sistema si las cosas no vienen bien, sigue aún viva en Estados Unidos y, lamentablemente, muy poco asentada en el viejo continente apegado a su “estado del bienestar”. En España, donde se culpa al Gobierno de turno hasta de las tormentas, difícilmente se podría hacer innovación sin las políticas estatales pero por mas que lo intente ningún gobierno puede pagar para que a sus ciudadanos les “brote” el espíritu innovador.

Entonces ¿merece la pena innovar? ¿y como lo hacemos?

Absolutamente SI. 

Como ya hemos visto la innovación no es solo una elección, en el mercado cambiante en que nos encontramos es ya una necesidad. Los mecanismos de la globalización vinculan las acciones y sus efectos a nivel global, nada es independiente de lo que ocurra en otro sitio, su efecto será mayor o menos o podrá notarse antes o después, pero el efecto existe y acabará llegando. Las grandes corporaciones mundiales, los “mercados” de que tanto se habla, son capaces de producir alteraciones económicas que afectan a gran escala hasta incluso “hipotecar” un país. Los medios de comunicación de masas entre los que están las redes sociales permiten movilizaciones masivas con fines autógenos que pueden derrocar gobiernos. 

Las empresas se encuentran sujetas a fuerzas que, como nunca antes ocurriera, escapan de su control directo, deben estar alerta y preparadas para reaccionar. El espíritu innovador es la adrenalina de las organizaciones que les permitirá “huir” (hacia los oceanos azules con nuevas propuestas) o “luchar” (en los oceanos rojos con nuevas armas) en el mercado. Y esto para crecer o, cuando menos, sobrevivir. Desde las administraciones públicas debe apoyarse la emprendeduría innovadora, abordar cambios en los programas educativos que promuevan el espíritu empresarial y la dignificación de la profesión. Desde las empresas debe hacerse un ejercicio de autoanálisis y descubrir hasta que punto se es capaz de innovar, lo que se ha hecho en el pasado y cuan preparado se está para el futuro. Las asociaciones empresariales deben asumir el papel de líderes de la innovación para que sus socios se apoyen entre si. Los sindicatos deben abandonar el discurso del victimismo y la estigmatización del empresariado para generar confianza en el tejido productivo y lograr la corresponsabilidad de todos los agentes sociales. 

>Jamones de Granada, un recuerdo y una sorpresa 2.0

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Acabo de participar en un cursos sobre Gestión de la Innovación en el que los participantes, una vez superados ciertos contenidos teóricos, teníamos que debatir durante una semana en un foro intercambiando ideas, opiniones, conocimientos… Ha sido una experiencia realmente enriquecedora que terminaba en teoría ayer. Muchos de los contenidos aportados eran novedosos y originales pero hete aqui que hoy, “fueeeeeera de programa”, me encuentro con un enlace a una iniciativa que me motiva especialmente y me llama a escribir: Apadrina un Jamón 


Hace 19 años tuve que pasar tres meses en Granada por razones de trabajo, iba los lunes y volvía a Tenerife los viernes. Las combinaciones desde aquí no eran precisamente fluidas por lo que la mayoría de las veces iba a Málaga y de allí, en taxi, a Granada (eran tiempos en que las empresas eran ricas y los taxis baratos). Los viernes volaba a Madrid y de allí a Tenerife. Sin embargo un viernes por problemas en Barajas el vuelo se suspendió por lo que pedí al taxista que me había llevado del lugar de trabajo al aeropuerto que, si estaba dispuesto, me llevase a Sevilla al día siguiente a primerísima hora de la mañana (salimos de Granada a las 5 y media). A raiz de ese viaje acordé con este señor que me iría a buscar a Málaga los lunes por la mañana ya que su conocimiento de las carreteras era mejor que el de sus colegas malagueños (era en año 91 y los fastos del 92 estaban por celebrarse por lo que las carreteras andaluzas o no estaban o estaban en obras) por lo que durante las siguientes 6 ó 7 semanas tuvo asegurado un ingreso sustancioso y yo un servicio impecable. Cuando llegó el final de mi asignación se lo anuncié con un par de semanas de antelación ya que imaginaba que tendría que reajustar su agenda. Y llegó el día de la despedida. Cuando llegamos al aeropuerto (había seguido llevándome también cuando los viernes me iba a Madrid) me dijo que había ido al pueblo y me tenía un “detalle” lo cual me hizo pensar en algún dulce o artesanía. Cual no sería mi sorpresa cuando del maletero del taxi sacó, convenientemente embalada, ¡¡una paleta de 5,5kilos!! Mis protestas no sirvieron de nada y me vi obligada (bendita obligación) a aceptar aquel suculento presente del que dimos cumplida cuenta, probablemente en mucho menos tiempo del que pensaba cuando lo recibí.


Lamentablemente nunca he vuelto a Granada, cosa que siento porque, además de sus indudables bellezas y de este regalo, recuerdo lo bien que comí los meses que estuve allí y lo bien que quedé haciendo de anfitriona gastronómica para otros compañeros. Siempre he recordado ese gesto con afecto y creo que Apadrinar (¿amadrinar?) un Jamón de Granada es una forma sentimentalmente muy adecuada para renovar el contacto. Espero tener la oportunidad si Jamones 2.0 me lo permite.

>Relanzar la empresa mediante el Ciclo del Cambio

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El pasado martes 26 de Octubre asistí a un mini seminario titulado “Relanzar la Empresa” en el que se analizaba como relanzar una empresa (hacer cosas distintas para obtener resultados distintos) desde tres puntos de vista convergentes:
Atravesamos una crisis complicada que nos ha pillado con el paso cambiado a muchos pero que se ha convertido, después de tres años de caída, en una letanía a la que nos agarramos todos con desesperación. Nadie se sustrae al hipnótico reclamo de echarle la culpa a la crisis de todo lo que pasa, lo bueno y lo malo. Si, efectivamente, eso he dicho: “lo bueno”. También pasan cosas buenas aunque sean más difíciles de ver, aunque haya que vislumbrarlas entre la maraña de cosas malas. La cuestión es que si nos empeñamos en pensar en que “las cosas nos sobrevienen” nunca estaremos en disposición de tomar las riendas y “hacer que las cosas ocurran”. En el seminario se abordaba precisamente este cambio de actitud y la importancia del mismo. Pablo nos ponía en situación, la empresa llega a un punto en el que es insostenible seguir igual y los datos que nos indican ese hito son claros e incontestables: el balance, la tesorería. Luego Yael y Rafael nos daban claves para encarar el cambio de rumbo y afrontar sus consecuencias inmediatas (frustración, miedo, resistencia en definitiva) con valentía. 

Pero yo me quiero detener más en el análisis de situación de Pablo porque es ahí donde se encuentra el meollo de la cuestión. Parecería que en estos tiempos hablar de planificación, revisión de datos, innovación, es obligado porque “estamos en crisis”. Y nada más lejos de la realidad. La lectura es mucho más elemental: estamos en crisis porque no hicimos una planificación adecuada, porque no estudiamos nuestra situación real hace cinco años, porque creímos que las vacas gordas iban a ser cada vez más gordas y eternas. ¿A que nadie se cree que una vaca vaya a engordar siempre y a no morirse nunca? Entonces ¿por qué fuimos tan ilusos?. También tenemos otra muletilla a la que agarrarnos: “los bancos son los culpables”. Vale, es verdad que el sector financiero tiene un gran tirón en los movimientos de mercado y que su comportamiento se está afianzando en el liberalismo recalcitrante, cierto, pero ¿acaso lo hacían a escondidas? ¿por qué no lo vimos?.




La conclusión a vuelapluma que se me viene a la cabeza es que podíamos haber hecho las cosas de otra manera y no lo hicimos, probablemente porque de verdad “no nos dimos cuenta”. La lectura que debemos sacar de esta crisis no es que hay que hacer cosas nuevas para salir de ella (que obviamente hay que hacerlas) sino que hay que hacer “lo que hay que hacer” para saber en todo momento donde estamos y que la próxima crisis (que la habrá) no nos vuelva a pillar con el paso cambiado. El proceso de análisis e innovación debe ser cíclico, como ya se lleva diciendo desde hace décadas desde la Gestión de los Procesos y la Calidad, porque cada ciclo nos re-posiciona en nuestro mercado que cada vez es más grande y más volátil. Relanzar la empresa es, literalmente, volverla a lanzar. Usemos el Ciclo del Cambio como un acelerador de partículas, cada nuevo ciclo nos dotará de nueva energía para hacer las cosas mejor y pensemos que hay muchos que ya lo hacen.

>Los electrodomésticos y el futuro, ni merienda de negros ni cuento chino

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Dentro de las actividades que me van surgiendo en esta búsqueda de horizontes me veo inmersa en el Sector de la venta de electrodomésticos. Como ando un poco despistada me pongo manos a la obra y, como no podía ser de otra manera, encuentro valiosas fuentes de información. Una primordial es el estudio realizado por QUOTA RESEARCH en 2007 para el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio sobre: “Comercialización de electrodomésticos en España”. Alli descubro (confieso mi ignorancia) que éste sector es uno de los llamados “motores” de la economía (como el del automóvil) ya que su desarrollo implica un enorme conjunto de industrias y empresas auxiliares. También es uno de los sectores sensibles a las crisis (como el del automóvil) ya que disminuye drásticamente el plazo de reposición de estos bienes. 

El libro en si es un estudio estadístico que abarca desde los datos de los principales fabricantes, mayoristas y detallistas del país hasta las ventas por comunidades autónomas, pasando por encuestas valiosísimas sobre los hábitos de consumo de los españoles, motivación de compra por linea de producto, etcétera. Asímismo hace una revisión de los canales de distribución teniendo en cuenta los canales emergentes. Particular atención hay que prestar a la fecha de publicación, Diciembre de 2007, y a la fecha de recogida de datos, Abril de ese mismo año. Hoy sabemos que en 2007 la crisis estaba ya bien instalada en nuestro país y,  a pesar de que en abril había aún datos positivos de crecimiento en el sector, finalmente el año fue de crecimiento negativo tanto en facturación como en unidades, iniciándose un declive vertiginoso que llegó en 2009 a una caída respecto del año anterior (que ya había sido de fuerte retroceso) en Linea Blanca del 15,48% en facturación y del 15,18% en unidades (según datos de ANFEL: Asociación nacional de Fabricantes de Electrodomésticos de Linea Blanca).



En la imagen podemos ver la evolución de la VARIACIÓN DE VENTAS en GAMA BLANCA en los últimos años. Las variaciones pequeñas en 2003, 2004 y 2005 nos indican un sector maduro en el que los crecimientos en volumen podríamos decir que son “vegetativos”. El año 2006 fue el de la euforia económica y el punto álgido del primer “plan renove” que se publica en 2005 pero alcanza su mayor efectividad en 2006. Sin embargo 2007 y 2008 ya acusan la “debacle” económica y especialmente la reducción en la compra de viviendas y, por tanto, de su consiguiente equipamiento. Lógicamente no todos los aparatos domésticos tienen variaciones iguales pero con el fin de dar una idea se reflejan aquí los frigoríficos (en general, incluye combis cuya venta si está creciendo porque partía de niveles bajos), las lavadoras y las secadoras. Como vemos también, parece que se frena la caída en 2009 y, probablemente, haya crecimiento positivo de nuevo en 2010. Buena noticia pero no echemos las campanas al vuelo, los datos que vemos son de variación y por lo tanto parten de los bajísimos niveles alcanzados en 2009. Un pequeño cálculo: Si la facturación anual del sector en gama blanca en 2006 fue de 2.396 millones de euros, tras encadenar tres años de caídas, la de 2009 fue de 1.518 millones de euros, es decir una caída acumulada del 36,6%.

¿Que va a pasar a partir de ahora?

Posiblemente las cifras volverán a subir pero muy lentamente, la crisis se acaba pero la recuperación va a ser complicada y además deja lastres difícilmente recuperables. Los fabricantes han deslocalizado la producción, las grandes cadenas de distribución se han embarcado en una lucha de precios que el consumidor no va a permitir que se recuperen, y los planes renove ya están absorbidos en los precios por lo que su desparición, o no se produce y no afectan al precio, o desaparecen y los vendedores deben renunciar a parte de su margen para no perder las ventas. En todo caso, el sector no volverá a márgenes del pasado y en Europa, tanto fabricantes como distribuidores, deberán replantearse su posición en el mercado. Quienes estén implantados en la Europa del Este y países limítrofes disponen de un margen de expansión, pero la competencia va a ser tan feroz que la tensión de precios amenazará a los menos productivos. Adicionalmente China, el gran fabricante, ha descubierto que Europa se ha acostumbrado ya a que la mayoría de las marcas se fabrican en oriente, ha aprendido los estándares de calidad y ha decidido prescindir de intermediarios. Pronto las fábricas estarán en manos de capital Chino.

¿El futuro está en Africa?

Sin duda, pero ¡ojo! los chinos lo descubrieron hace años…